En este artículo os informaremos sobre cómo elegir un buen psicólogo.

Elegir un buen profesional suele parecer tarea difícil a veces, sobretodo por el alto nivel de competencia existente en la mayoría de profesiones, más aún en las profesiones sanitarias.

Nadie desea salir del fisioterapeuta con la sensación de haber (mal)gastado gran parte de tiempo y energía, sin haber podido solucionar en términos de eficacia esa dolencia que tanto molesta, pues lo mismo puede ocurrir al acudir al dermatólogo, podólogo, logopeda, nutricionista, óptico, dietista o incluso al veterinario.

En psicología prevalece además un inconveniente extra al abordar las molestias de los síntomas, y es que tratamos con síntomas psicológicos y emocionales en lugar de síntomas físicos, lo que hace difícil concluir si hemos recibido un tratamiento adecuado o no, ya que en los estados psicológicos y emocionales la única referencia a la que aludir es el alivio inmediato, en si mismo un dato poco fiable para conocer la adecuación o no de un  tratamiento.

Uno de los factores a tener en cuenta a la hora de cómo elegir un buen psicólogo, es que los remedios milagrosos no existen, que los psicólogos no tenemos una varita mágica y aunque se pueda sentir un alivio de síntomas a corto plazo, el tratamiento eficaz normalmente se logra después de un cierto número de sesiones (normalmente 20 sesiones), que son las que le dan el margen al proceso para poder interiorizarse y consolidarse con la práctica y el tiempo adecuados, debiendo tener en cuenta  y atenderse al mismo tiempo las posibles recaídas y su prevención.

El segundo factor a tener en cuenta para elegir un buen profesional en psicología es que debe tener ciertas actitudes o cualidades personales, como son empatía, asertividad, habilidades comunicativas, escucha activa, honestidad, cercanía, humildad y vocación. Difícilmente obtendremos malos resultados con un profesional que es capaz de ponerse en nuestra situación, nos escucha con atención, habla con sinceridad y cercanía acerca de nuestra situación y el punto en que nos encontramos, y ofrece su ayuda sin juzgarnos y sin aprovecharse de nuestra situación. Estas actitudes son difíciles de percibir en muchos casos, así que lo mejor es dejarse llevar por el instinto y las sensaciones que a cada cual le produzca el trato recibido, en este caso del profesional. Cuando las personas pasamos por un bache vital, las actitudes serán las que definan la relación terapéutica y la confianza en el tratamiento, convirtiéndose en la base del éxito de cualquier terapia psicológica.

CÓMO ELEGIR UN BUEN PSICÓLOGO

Por último es conveniente tener en cuenta el tercer factor cuando nos preguntemos cómo elegir un buen psicólogo, y son los recursos profesionales, es decir, las aptitudes necesarias para ejercer un buen trabajo psicológico, serían las siguientes:

  • Disponer de habilitación como psicólogo sanitario.
  • Hacernos firmar un consentimiento informado.
  • Estar especializado en la problemática que necesitas. (La especialidad en psicología clínica aborda cualquier tipo de trastorno clínico).
  • Ofrecer información del tipo de terapia que utiliza, y hacernos partícipes de ella.
  • Realizar una evaluación (entrevista y/o cuestionarios específicos) e indicar el tipo de tratamiento más adecuado.
  • Incorpora tareas inter-sesiones al cliente para el tiempo fuera de sesión. La teoría sin práctica difícilmente conlleva buenos resultados.
  • Además de escuchar, que explique, responda a tus preguntas y te enseñe técnicas.
  • Que no te diga lo que tienes que hacer sino más bien te ayude a incorporar herramientas para que las utilices, lo que conlleva un esfuerzo por tu parte. No sería adecuado ni ético poner en manos del profesional la responsabilidad de no avanzar en la terapia, sin haberse esforzado a lo largo de la terapia.

   Si crees que en Terapia sobre ruedas tenemos en cuenta e incorporamos estos factores en nuestro trabajo no dudes en contactar, te ayudaremos a disponer de las herramientas necesarias para reconocer y modificar los pensamientos distorsionados así como a gestionar las emociones.