En cualquier tipo de relación existen conflictos en la pareja a resolver.

 

Esto es debido a las diferencias en cuanto a creencias, motivaciones, valores, actitudes, comportamientos y hábitos

Los conflicto en la pareja no son algo negativo, y contrariamente a lo que se piensa, aporta una necesidad para que ambos aprendan a conocerse y tratarse, estimula ciertas habilidades, la crítica constructiva y la creatividad en la pareja, siempre y cuando ese conflicto sea funcional. En caso de existir un conflicto disfuncional, como suele ocurrir en la mayoría de parejas que acuden a terapia, se obstaculiza la consecución de metas conjunta, y esto a su vez dificulta que exista una armonía entre ambos, ya que sin objetivos en conjunto el sentido de pareja se pierde en gran medida, llegando incluso a la ruptura en caso de no conseguir redirigir el conflicto de manera funcional.

 Los conflictos se estructuran en 4 etapas

Se crean las condiciones para que exista el conflicto (problemas de comunicación, malos entendidos, , barreras, compatibilidades, estilos de personalidad, roles en la pareja…)

Las condiciones de oposición crean frustración, ansiedad, tensión, hostilidad…

Se actúa en contra de los intereses del otro (ya sea de forma sutil, indirecta o directa), y aparece el conflicto al cual cada uno enfrenta a su manera:

-> Cooperativa (se busca el interés propio aunque me adapto al otro)

-> Competitiva (Se busca el interés propio)

-> Evitativa (No se busca resolver el conflicto)

-> Adecuada (Uno de los 2 se adapta al otro)

-> Comprometida (Se busca el interés de ambos)

El conflicto será funcional cuando sirva para mejorar algún aspecto de la relación (comunicación, toma de decisiones, creatividad, motivación….), y será disfuncional cuando obstaculice la consecución de aspectos de la relación o destruya otras partes de la relación.

A fin de cuentas los psicólogos en terapia de pareja adoptamos un rol de mediadores, aunque con la diferencia de que buscamos que la pareja adopte un modelo de resolución de conflictos no auto-impuesto, donde los verdaderos protagonistas sean ellos, y el acuerdo se convierta en algo deseado mas que una negociación de convivencia. Aquí los factores de importancia serian conseguir la capacidad de identificar y definir los problemas estructurales, de habilidades de comunicación (escucha activa, turno de palabra, elementos verbales y no verbales), técnicas para tolerar la frustración, empatía, aceptación, asertividad funcional, técnicas en control de impulsos, valoración del otro, clarificación de valores personales y de pareja, visión de futuro, re-captación de vínculos perdidos y otros factores dependientes de cada caso particular.

Otro factor a tener en cuenta en la resolución de conflictos en la pareja es el estado de deterioro con el que llegan a sesión, pudiendo identificarse dentro de un continuo que va desde la habituación al conflicto, la desmotivación total, la congenia pasiva o la relación aún viva, lo que dependerá del mantenimiento de intereses en conjunto, actividades, interacciones, focalización o no de los problemas, apoyos, sexualidad activa, miedos o hijos en común por poner algunos ejemplos.

conflictos en la pareja

Algunos consejos para los conflictos en la pareja disfuncional:

1. Actuar de manera diferente a como se hace habitualmente. Ya lo dijo Einstein: “si quieres obtener resultados diferentes no hagas siempre lo mismo”. La lucha de poder tan solo consigue desgastar a la pareja. El factor “sorpresa” permite crear un lugar nuevo en la relación, y si éste esta basado en la generosidad y voluntad mejor que mejor.

2. Escuchar consejos de todos pero hacer tan solo lo que uno mismo sienta que es lo mejor para la pareja. En la mayoría de casos las parejas acuden llenas de dudas y rencores a causa de escuchar consejos de familiares y amigos, los cuales solo conocen la punta del iceberg de la relación.

3. Cualquier explicación del conflicto como versión será una justificación de la propia rigidez mental ante éste. Dar una versión de los hechos sin aceptar que el otro también tiene razón porque lo siente igual que yo, obstaculizará la resolución funcional del conflicto.

4. El primer paso para conseguir una resolución funcional del conflicto comienza por reconocer la propia responsabilidad en el mismo.

5. El diálogo entre la pareja debe estar basado en el ser consciente de que mi pareja merece el mismo trato paciente y cordial que cualquier otra persona. Si soy capaz de sonreír, hablar calmado y ser respetuoso con cualquiera a pesar de haber tenido un mal día o discusión, mi pareja merece el mismo trato o mejor.

6. Cualquier discusión estará basada en el sentimiento de no ser comprendido. Si hago por comprender a mi pareja por encima de todo, lo mas probable es que termine recibiendo el mismo trato.

7. Más vale calidad que cantidad en la comunicación. Será mas practico pasar cierto tiempo pensando acerca de los conflictos con mi pareja, buscando posibles soluciones para cuando hable con ella, que limitarme a hablar durante horas sin objetivo ni dirección concretos (lo mas probable es que termine discutiendo de nuevo).

8. La mayor parte de los conflictos se resolvería con un abrazo. Tras una discusión, pelea, falta de acuerdo o momento de frustración el contacto físico ayuda a empatizar con el otro. No importa quien de los dos tenga la razón (seguramente la tendréis ambos), la comunicación no verbal y el acercamiento físico ayudan a reducir el estrés y restan importancia a la emoción incomoda entre ambos. Los abrazos frecuentes elevan la serotonina y os conectan como pareja.

9. Siempre es mejor preguntar que interpretar. Ante la duda del por qué de ciertos aspectos de vuestra relación o de las conductas que observas en tu pareja, es mas sana una pregunta directa (con la aceptación de la respuesta), que la propia interpretación. Pregunta cuando no comprendas algo y acepta lo que tu pareja te responda sin más. La confianza es la base de cualquier relación.

10. No responder a mi pareja mientras me encuentre alterado. No hay nada que agrave más una mala situación que afrontarla bajo la frustración o el enfado; hacerlo una vez que pase a emoción ayuda a actuar más coherentemente y con mayor capacidad para solucionar conflictos.

“No podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos”


(Albert Einstein)

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