Como psicóloga online, me  encuentro muchos  casos  en  los  que  padres  y  madres  no  saben  educar en positivo  a  sus  hijos .

Los gritos, castigos, regañinas, sermones, comparaciones y demás métodos de corrección basados en hacer sentir mal al niño, no son los más recomendables.  

Ya que así trabajamos un cambio de conducta basado en el sentirse mal, o el miedo a la consecuencia.

Los adultos pretendemos a veces que los niños cumplan las normas establecidas sin comprenderlas, ya sea debido a su edad o a sus hábitos ya adquiridos; además, no alcanzamos a comprender por qué no cambia su forma de hacer las cosas de manera inmediata.

Está claro que cada niño es diferente y cada familia dispone su propia filosofía educativa. Aun teniendo en cuenta estos factores, existen técnicas de modificación de conducta aplicables a cada niño y familia por igual. Educar en positivo se apoya en conseguir que los niños hagan las cosas por voluntad propia, previa comprensión de ellas y por supuesto, con el tiempo necesario para interiorizar cualquier proceso de cambio.

No debemos confundir firmeza con punición (castigo). Los psicólogos online pensamos que, los  niños deben actuar en consecuencia a desearlo, aprendiendo a cooperar y desde el respeto. Del mismo modo, los padres y madres debemos partir de que no somos perfectos y que, como todo en la vida tenemos que formarnos, para no caer en el error de querer saberlo todo sobre educación por el simple hecho de ser padres.

Os presento un decálogo de educar en positivo, a tener en cuenta a la hora de modificar conductas en los niños:

La infancia es una etapa de rebeldía y reafirmación, los niños harán las cosas por convicción y no por imposición si se sienten motivados; tanto adultos como niños realizaremos cualquier tarea mejor si deseamos

Por ejemplo: En lugar de decirles: “ve a lavarte los dientes” será más eficaz decírselo de otra forma: “que dientes más bonitos tienes. Si te los lavas todos los días mantendrás esa sonrisa bonita siempre. ¿Me enseñas cómo lo haces, que quiero tenerlos tan bonitos como tú?”.

Tanto para niños como para adultos, es mejor solucionar los problemas desde la tranquilidad, y no bajo la frustración o el

Por ejemplo: Si nos encontramos en una emoción de frustración o enfado, por una pataleta suya o un mal día mío, puedo decirle: “hoy tengo un mal día y antes de hablar contigo quiero estar en calma, en un rato vuelvo y hablamos”, o también “con ese enfado que tienes no podemos hablar, cuando estés más tranquilo vienes y hablamos”.

Aprender a diferenciar lo que es realmente importante de lo que no; permitirle ciertas conductas para que entienda que las importantes si las debe cumplir; un “no” sistemático les frustra y

Por ejemplo: Si no quiere ponerse las zapatillas de casa o terminarse la cena, le compro unos calcetines gruesos para andar por casa o le explico que si no termina la cena no pasa nada pero no tendrá tanta fuerza. En cambio si no quiere ir al colegio o hacer los deberes, le hago entender que es una de sus obligaciones, y éstas no son negociables.

De poco sirve todo lo que le queramos enseñar o las veces que se lo repitamos, si nosotros mismos no educamos bajo el ejemplo.

Por ejemplo: No puedo pedirle que no permanezca pegado al móvil, tablet o televisión si yo mismo lo hago delante suya; será difícil enseñarle a no gritar si me escucha gritar a mí, o que se debe tratar a todos por igual si yo me comporto diferente con cada uno debe ellos.

Aprenden mejor y más rápido con premios, cariño y atención. Atender y reforzarles cuando hacen lo que les pedimos es la clave para que lo vuelvan a

Por ejemplo: Si damos por hecho que debe recoger los juguetes, hacer la cama y lavarse los dientes, pero no lo reforzamos positivamente cuando lo hace, perderá la motivación; si le regañamos cuando no lo hace, le prestamos nuestra atención (su mayor premio, aunque sea para regañar) dándole un mensaje equivocado al atenderle cuando no cumple sus tareas.

Indicar como nos gustaría que fueran las cosas de forma corta, clara y sencilla.

 

Por ejemplo: Me resultará complicado alcanzar el objetivo de ayudar a poner la mesa, si en vez de decirles “cuando la mesa esté puesta, responderé a lo que me preguntas o me quieras pedir”, lo que hago es repetir 20 veces enfadado que pongan la mesa mientras la pongo y castigados sin parque.

A veces no quieren hacer algo, porque quizá no quieran hacerlo solos, porque están cansados, tristes o frustrados, porque no entienden por qué debe Hablarles y ayudarles a hacer lo que pedimos, les motivará, entenderán por qué debe hacerse, que hay que ayudarse cuando no estamos al 100% y se sentirán escuchados y comprendidos.

 

Por ejemplo: Si a mi hijo le cuesta horrores hacer la cama , en lugar de decírselo muchas veces hasta que finalmente me enfado y le pongo la consecuencia del castigo, sería más apropiado decirle: “cariño se que te cuesta mucho trabajo hacer la cama, quizá sea porque no te gusta; airear la cama y después hacerla es bueno por…, vamos a hacerla juntos mientras te enseño la canción (graciosa) de hacer la cama, verás que divertido…”.

Las órdenes no son bien aceptadas por nadie, y mucho menos por los niños, sustituir la orden por una pregunta o charla  acerca de los beneficios de hacer lo que les pedimos, hará que respondan mejor y no se sentirán tan abrumados.

 

Por ejemplo: En lugar de ordenarles que se laven los dientes o que recojan su habitación, les preguntamos: “¿sabes que cosas buenas tiene lavarse los dientes o recoger tu habitación?, además de hacerles partícipes y no cumplidores de órdenes, les ayudamos a desarrollar su pensamiento, les motivamos a participar y entender por qué hacen las cosas no imponiendo nuestro criterio.

Dedicamos gran cantidad de tiempo a trabajar, limpiar la casa, cocinar…y pretendemos que adquieran ciertos hábitos y aprendizajes en tiempo récord. Vivimos en una sociedad de la prisa y ellos no son adultos, necesitan más tiempo para todo. Cada niño lleva su ritmo de crecimiento y aprendizaje.

 

Por ejemplo: Pretendemos que se despierte, se asee, se vista, prepare su mochila, desayune y corra camino al colegio, sin darnos cuenta de que le estamos estresando a causa del trabajo. Es más recomendable levantarnos antes y dejarles más tiempo para hacer sus cosas, empezando con un despertar agradable de mimos y mucho ánimo.

Perder el control porque no conseguimos que nos hagan caso, servirá para darles un mal ejemplo de conducta, además de no conseguir nuestro Ser firmes no significa ser autoritarios, sino de hacer respetar las normas sin perder los nervios, desde una actitud cariñosa.

 

Por ejemplo: Que entiendan que no pueden coger la tablet entre semana con un: “lo siento cariño, pero ya sabes que la tablet es para los fines de semana”, y no darles la tablet se pongan como se pongan (hablaré tranquilamente con ellos después del berrinche), es más eficaz que perder el control amenazando, gritando o castigando.

Si aprendemos a usar correctamente estos consejos para educar en positivo, y digo correctamente porque hay padres que confunden corregir en positivo con “ser amigos” o no cumplir con las normas, podréis comprobar que los niños responden bien. No existe un “libro de educación perfecta” ni padres perfectos, ni hijos idílicos, tan sólo existen personas, y cómo personas debemos intentar educar de la forma menos frustrante posible para todos.

Si necesitáis ayuda o apoyo podemos contactar mediante terapia online.